Essays XV Aleida A. Rodríguez

LAS DOS VENECIAS: DE PUERTO RICO A ITALIA

Aleida A. Rodríguez
Howard University

Gótica caverna voluptuosa,
en la noche emite vagidos guturales.
Ataúd luctuoso flotando a la deriva
al ritmo de lúgubres membranas.

Rosario Ferré, “Venecia goyesca”, Las dos Venecias.
[T]he basilica-crypt monolith forms two hemispheres with an intermediary membrane running through them as if they were a brain. The crypt, dug out from the bare rock, has expressive qualities of the superimposed building, which is put together stone by stone.

Jean Clet Martin, “Cartography of the Year 1000: Variations on a Thousand Plateaus,” Gilles Deleuze and the Theater of Philosophy.
Hemos renunciado a la búsqueda de una unidad que unificaría las partes, un todo que totalizaría los fragmentos … Pero hay, debe haber una unidad que es la unidad de este múltiple, de esta multiplicidad, como un todo de estos fragmentos: un Uno y un Todo que no serían principio, sino, al contrario, “el efecto” del múltiple y de sus partes descocidas.

Gilles Deleuze, Proust y los signos.

Rosario Ferré (1938) es una de las escritoras puertorriqueñas más publicadas de nuestro momento. Su obra la encontramos en varios idiomas, y a su vez, estudiada, tanto en círculos nacionales como internacionales. Siempre escritora polémica, su obra ha sido recibida con aplausos y otras con un “no”, “no”. Ejemplo de esto último lo tenemos en su decisión de escribir en el idioma deseado, sea en español o en inglés. Su tierra natal se levantó en armas literalmente con la publicación de The House on the Lagoon (New York: Farrar, Straus and Giraux, 1995) y su última novela, Flight of the Swan (New York: Farrar, Straus and Giraux, 2001), ambas escritas originalmente en inglés. La traducción de la rimera, hecha por la misma autora, nos envía a otra versión del ejercicio escriturario.

Las dos Venecias pertenece a otra realidad dentro del corpus ferreniano: amalgama de poemas (escritos algunos en inglés y después traducidos) atemporales y mezclados con un cuento que le da nombre al libro, más una nota testimonial al final. Las dos Venecias, diferente en su concepción en cuanto la contraponemos al resto de lo que Ferré ha escrito. Es esa “diferencia” la que trataremos de analizar a continuación.

Los tres epígrafes que encabezan este artículo, para mí, parecen ser lo que habrá de desplazar “los instantes”,“[es decir, la naturaleza o la vida] a la máquina artística capaz de producirlos o de reproducirlos, de multiplicarlos: El libro” (Gilles Deleuze, Proust y los signos, 162).

Definitivamente, el cuento “Las dos Venecias” de por sí, tiene vida propia, una vida curiosamente maquínica puesto que, al igual que el resto de las partes del libro Las dos Venecias, puede conectarse, desconectarse o reconectarse tanto con su exterior-grafía como con el exterior-lector. Esto, claro está, deberá estar sujeto a “un encadenamiento entrecortado de afectos, con velocidades variables, precipitaciones y transformaciones …Anillos abiertos” (Gilles Deleuze y Félix Guattari, Rizoma, 4)[i]

Si nos acercamos a su constitución siguiendo la ya clásica división del libro establecida por Deleuze y Guattari, tenemos que decir que libro-raíz, libro clásico, no es. No encontramos en él un libro orgánico que funcione “como imagen del mundo”. Tampoco creemos que sea ese libro-raicilla que se nos presenta en apariencia como múltiple, pero que es, al fin y al cabo, dual y unitario; “imagen de un mundo que es ya caótico” en sí (Rizoma, 1).

Tal vez sea el deseo lo que nos lleva a delinear otra trayectoria frente al libro-raíz (libro clásico) o frente al libro-raicilla (libro de la modernidad) como nos diría la poeta mexicana Coral Bracho en la intoduccion que nos hace de Rizoma.

La otra posibilidad, es

la exigencia, de un libro que, lejos de reflejarlo, disponga como

multiplicidades (disposición maquinal de deseo, disposición colectiva de enunciación) en la heterogeneidad del mundo; libro funcional y pragmático, herramienta, máquina, útil, en las planicies múltiples de un exterior, pieza; libro-rizoma. (1)

 

 

Las dos Venecias es este tipo de libro, múltiple; aunque a primera vista nos dé la impresión que pertenece a un sistema binario de pensamiento. Su multiplicidad se define “por su exterior: por la línea abstracta, línea de fuga o de desterritorialización que, al conectarlas con otras, las hace cambiar de naturaleza” (Rizoma, 4).

Cuáles son realmente, entonces, esas dos Venecias, tanto las del título como las del primer cuento, dado que ambos nos proveen con “acontecimientos vividos, determinaciones históricas, individuos, grupos y formaciones sociales”? (Rizoma, 4).

A continuación vamos a mencionar algunas de esas Venecias (de seguro, más de dos) sabiendo que si quisiéramos, encontraríamos más.

Venecia es el “lugar de tránsito de paso a otras realidades” (Rosario Ferré, Las dos Venecias, 7);2 Venecia es también “el lugar predilecto de los recién casados de buena familia de la isla” (8); Venecia no es una ciudad real, sino una “ciudad de sueño” (8). Venecia es la casa paterna: “la sutil y azul laguna de la niñez” (8). Venecia es el Río Loco donde “el llanto de aquellos pobres que, a falta de tierra propia, vivían precariamente prendidos a sus riberas” (11) allí, en sus aguas, entre Yauco y San Germán. Quizás pueda ser también, la “Venecia equivocada a la que había llegado” (14) la madre después del matrimonio. O tal vez sea la ciudad de los pesares a la cual la hija no debería ir, porque estaba llena de peligros, porque le “conllevaría los mismos sufrimientos que le había causado a ella” (14). Venecia es ciudad-madre también.

Ni una, ni dos, aquí nos encontramos con múltiples Venecias. A ellas podríamos añadir las que se hallan en diferentes cuentos y poemas. En esta abigarrada enumeración se encuentran la Venecia de Canaletto, la de Guardi, la de Rialta, la de Napoleón, la de Atila, la de San Marcos, la de Giorgione, la de Tintoretto, la de Palladio, la ciudad-mujer hasta en el olor a sexo, la de Giovanni Bellini, la de Mahler y Alma, la dePoe, la de Byron, la de la Dogaresa y el Dux (Doge), y finalmente, porque podría seguir enumerando, Venecia es también la “ciudad-navío”: Puerto Rico. Una más, Venecia es la página en blanco, donde el “[e]scribir es también emprender un viaje” (15). En otros términos, Venecia es la “posibilidad de la palabra”(15).

Es esta última Venecia la que encontramos en un pequeño testimonio, allá, al final del libro. Pieza ésta que, como todas las otras es una parte más de esta máquina-libro. Las dos Venecias, así considerada, no es imagen del mundo según una enraizada creencia. Forma rizoma con el mundo; hay una evolución aparalela entre el libro y el mundo, “el libro asegura le desterritorialización del mundo, pero el mundo propicia una reterritorialización del libro que se desterritorializa, a su vez, en el mismo, dentro del mundo (si es realmente capaz y puede hacerlo)” (Rizoma, 5).

Este libro busca su propio ensamblage en el exterior, no lo constreñimos a un marco teórico ajeno a su propia constitución. Tratamos simplemente de seguir sus líneas de fuga, sus planicies, sus destintas formaciones rizomáticas, así como su inevitable arborificación: vida “de la cobardía, del miedo” (155), la llamará el “yo” testimonial: “El miedo es un sentimiento humano, y todos, en algún momento, somos finalmente subyugados por él. El día en que me someta a su ley inexorable, dejaré de escribir” (155-156).

Las dos Venecias es en definitiva una máquina deseante, donde el deseo “constantly couples continuous and partial objects that are by nature fragmentary and fragmented. Desire causes the current to flow, itself flows in turn, and brakes the flow” (Anti-Oedipus, 5).

Este flujo y reflujo de la escritura queda muy tempranamente establecido y para demostrarlo nos vemos en la necesidad de citar, en su totalidad, un párrafo del cuento “Las dos Venecias”:

 

 

No había razón aparente para que mi madre se encontrara infeliz en su matrimonio. Durante treinta años tuvo un hogar ejemplar, en el cual no faltaron ni el amor, ni la salud, ni el dinero. Mi padre la quiso mucho y luchó toda la vida por tener los medios suficientes que le permitieran vivir en una casa igualmente amurallada y llena de balcones como la de su niñez, en la cual tuviera todas las comidades. A pesar de ello, mi padre no pudo nunca devolverle su paraíso. Es posible que esto se debiera a que mi madre resentía el no seguir siendo un ser íntegro adosado al árbol patriarcal y sostenido por el ramaje externo de su populosa parentela; el verse dividida y multiplicada hacia adentro, obligada a contemplar su rostro reflejado en otros rostros y su mirada en otros ojos que se le parecían y que sin embargo eran siempre distintos y eternamente cambiantes. Se le hacía difícil aceptar que su cuerpo se convirtiese en un lugar de paso de las generaciones venideras, de sus hijos y nietos, de sus amores y sus odios. La inevitable mudanza, el tránsito incomprensible de aquella Venecia equivocada a la que habíallegado la amenazaba con la pérdida de la identidad y con la dispersión. (13-14)

 

Este párrafo, de la manera más sencilla, nos enuncia esa “enfermedad deleuziana” que se llama “la repetición de la diferencia”.

Tal vez la parte que nos interese más (teniendo en cuenta la cita previa del cuento”Las dos Venecias”) sea la parte que sigue a continuación:

 

There are two meanings of the word subject: subject to someone else by control and dependence, and tied to his own identity by a conscience of self-knowledge. Both meanings suggest a form of power which subjugates andmakes subjects to. (212)

 

Si comparamos las dos citas, la de Foucault y la de la hija múltiple de “Las dos Venecias”, veremos que esta última sugiere que:

 

The target nowaday is not to discover what we are but to refuse what we are… we have to promote new forms of subjectivity through the refusal of this kind of individuality which has been imposed on us for several centuries. (Lee Quimby, “The Subject of Memoirs,” De/Colonizing the Subject, 297)

 

En este sentido, Las dos Venecias es “un conjunto donde pueden determinarse la dispersión del sujeto y su discontinuidad consigo mismo” (Foucault, Arqueología del saber, 90) como liberación de la dicotomía padre-madre edipizada del árbol patriarcal.

Es aquí donde necesitamos romper con las raíces, tronco y ramas de ese árbol, así como también hay la necesidad de un distanciamiento entre Rosario Ferré, autora de Las dos Venecias, y de los distintos “yo” que atraviesan cuentos, poemas y testimonio. Es aquí precisamente, en esta separación del autor empírico del autor

implícito, de donde surge el “autor-función”. “One might object that this phenomenon only applies to novels or poetry, to a context of `quasi-discourse,’ but, in fact, all discourse that supports this `author-function’ is characterized by the plurality of egos” (Foucault, Language, Counter-Memory, Practice, 130). Plural es tanto la madre como la hija. En este sentido “se trata de cesuras que rompen el instante y dispersan el sujeto en una pluralidad de posibles posiciones y funciones…” (Foucault, El orden del discurso, 48).

A lo que Foucault llamaría “autor-función,” Rosario Ferré lo habrá de llamar “canalautor”. Juego de palabras, donde la función del “yo” es ser “canal”: lugar líquido, línea de fuga, planicie por excelencia, desterritorialización de la palabra.

No queremos hablar de autobiografía. Nosotros preferimos hablar de confesión y para ello abrimos la Genealogía de la moral. En este libro, Nietzsche nos dice que “[e]l sentimiento de tener una deuda con la divinidad no ha dejado de crecer durante muchos milenios…” (80); pensamiento que podríamos terminar con unas pocas palabras expresadas por Foucault, allá en La voluntad del saber: “El hombre en Occidente, ha llegado a ser un animal de confesión”. Si quisiéramos ampliar este concepto un poco más, diríamos entonces que “hemos llegado a ser una sociedad singularmente confesante… se confiesan los crímenes, los pecados, los pensamientos y deseos, el pasado y los sueños, la infancia; se confiesan las enfermedados y las miserias” (74-75).

Esto lo podemos ver muy claramente en la relación que la comunidad establece con sus componentes: el basamento fundamental de “la relación del acreedor con su deudor”(Nietzsche, 81). “Derecho de señores”, le llamaría Nietzsche a esta relación en la cual, el deudor, cuando no cumple con su contrato, se le puede infligir toda suerte de castigos y de apropiaciones, incluso la de su propio cuerpo.

En Las dos Venecias, la madre, en una de sus posibilidades múltiples, es la deudora, el árbol patriarcal es el acreedor. Dicho árbol ha sido construido bloque a bloque, no ya por peregrinos medievales, cortadores de piedra que con un martillo y cincel eran capaces de establecer relaciones rizomáticas entre la cripta y la basílica, a fin de resolver lo que la madera no les permitía: construir la cúpula3. Este árbol ha sido construido por bloques pre-fabricados por nuestra sociedad contemporánea totalmente edipizada. La madre, como una rama más del árbol, participa de esta arborificación, sin comprender que dentro de sí, en ese anillo abierto que llamamos útero, ella está produciendo no ya raíces, ni raicillas, sino un rizoma, alimentado éste por un canal llamado cordón umbilical y protegido por esa agua que lo ayudará a nadar por otro canal al exterior:

Here, on a fork or a bifurcation, two worlds coexist, and a universe of incompossibilities develops inside the monastic space. The world of the crypt and world of the basilica deploytheir own diverging ambulatories. Along these incompatiblesitineraries, the movement of the world traces the dance ofthe pilgrims… (Jean Clet Martin, “Cartography of the Year 1000:Variations on a Thousand Plateaus,” Gilles Deleuze and theTheater of Philosophy, (274 ).

 

De esta danza participa también la peregrina del poema entitulado “Canalautor”:

Atravesó aquel paraje en un sueñoal ritmo de calcañares y de astrágalos.El olor de las flores se transparentaba en sus venas,arrastradas por un agua ancestral.Por él llegó al mundohasta extraer el postrer grito que se desataba junto al cordón umbilical.¿Cómo preservar el corazón de Fidelio intacto? (30)

 

La hablante-peregrina en el último verso, atemporal y aparalelo se cuestiona a sí misma y sale en búsqueda de lo imposible: la posibilidad de un corazón inmutable en el espacio abierto y conectable de la música. Esta línea

de fuga andrógina, hace que el hablante, al contacto con otra superficie poseedora de ambos espacios, tanto liso como estriado, sea reterritorializado en la única ópera de Beethoven. El personaje, a su vez, es desterritorializado en escena, puesto que ahora, como esposa de Fidelio se habrá de vestir de hombre para salvar a su esposo de la muerte. Este poema nos lleva del androginismo al “tranvesti”: ruptura de la unidad en cualquiera de las líneas de fuga que establece el poema.

La salida al mundo a través del útero, la encontraremos de nuevo bajo el puente de Rialto, al terminar el poema que nos sirvió de primer epígrafe, el de la “Venecia goyesca”:

Puente de líquidos suspirosque el alma confusa desborda.Efluvio de cloroformo y ácido fénicodestilado por entre alas de murciélago.Falla incontinente y telúricaalumbrada por la incontinencia de su sexo.Rialta reconoce una vez más el canalpor el que vino al mundo.Por sus tinieblas navega todavía, buscándose a sí misma. (32)

 

Del útero materno al Gran Canal veneciano, y de éste, al puente de Rialto; puente que une a Venecia como dos manos gigantescas estrechándose con el terror y el miedo producido por aquel Saturno goyesco que se comía a su hijo.

Rialto que deviene Rialta. Definitivamente, este ser andrógino se ha apropiado de las aguas. El mar, como ejemplo supremo de éstas, “was the first to encounter the demands of increasingly strict striation… bearing, obtained by a set of calculations based on the exact observation of the stars and the sun; and the map, which intertwines meridians and parallels, longitudes, plotting regions known and unknown onto a grid…” (A Thousand Plateaus, 479).

Dominio previo del hombre, en Las dos Venecias, las aguas pertenecen a una entidad-mujer. Rosario Ferré es una máquina hidráulica capaz de sustraerle al árbol su agua-unidad, de romper la calca desde el útero materno, basamento genealógico del árbol patriarcal, y producir, de paso, una antegenealogía, puesto que su libro-rizoma “actúa mediante expansión, variación, conquista, captura, [y] extracción” (Rizoma, 10).

 


Notas

 

1. Estamos utilizando la traducción hecha por Coral Bracho en la Revista de la Universidad de México. 1977. No tenemos paginación. Hemos dado número a cada una de las páginas (1-12). La primera página es la introdución que la traductora hace. Las siguientes páginas (2-12) pertenecen a Rizoma.

2. A partir de esta cita, habremos de dar solamente el número de página que corresponda a Las dos Venecias.

3. Ver Jean-Clet Martin, “Carthography of the Year 1000; Variations on a Thousand Plateaus” en Gilles Deleuze and the Theater of Philosophy (265-288).

 


Referencias

 

Bouchard, Donal F. y Sherry Simon, Editores. Language, Counter-Memory, Practice. Ithaca: Cornell University Press, 1977.

Boundas, Constantin V. y Dorothea Olkowski, Editores. Gilles Deleuze and the Theatre of Philosophy. New York: Routledge, 1994.

Deleuze, Gilles y Félix Guattari. Anti-Oedipus. Introducción, Michel Foucault. Minneapolis: University of Minnesota Press, 1983.

———-A Thousand Plateaus. Capitalism and Schizophrenia. Traducción. eIntroducción, Brian Massumi. Minneapolis: University of MinnesotaPress, 1987.

———-Rizoma, Trad. C. Casillas y V. Navarro. México: Premiá, 1983.

———-”Rizoma”, Traducción, Coral Bracho. México: Revista de la Escuela deEducación de México, 1977: (n.pag.).

———-Proust y los signos. Traducción, Francisco Monge. Barcelona: Editorial Anagrama, 1970.

———-Nietzsche y la filosofía. Traducción, Carmen Artal. Barcelona: Editorial Anagrama, 1971.

Ferré, Rosario. Las dos Venecias. México: Joaquín Mortiz, 1992.

Foucault, Michel y Gilles Deleuze. Theatrum Philosophicum y Repetición y diferencia. Traducción, Francisco Monge. Barcelona: Editorial Anagrama, 1981.

———-Arqueología del saber. Traducción, Aurelio Garzón del Camino. México: Siglo Veintiuno, 1979.

———-El orden del discurso. Traducción, Alberto GonzAlez Troyano. Barcelona: Tusquets, 1970.

———-La voluntad del saber. Vol. 1 de Historia de la Sexualidad. Traducción, Ulises Guiñazú. México: Siglo Veintiuno, 1981.

Pignatti, Teriso. Venice. Photos by Mario Carneri. New York: Holt, Rinehart and Winston, Inc., 1971.

Roiter, Fulvio y Stephen Spender. Venice. New York: The Vendome Press, 1977.

Smith, Sidonie and Julia Watson, Editors. De/Colonizing the Subject. Minneapolis; University of Minnesota, 1992.

Wright, Morris. Love Affair-A Venetian Journal. New York: Harper & Row Publishers, 1972.

 

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